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En 1920, Adrien Valette, mi abuelo, atravesía el Perigord y el Quercy, buscando los mejores productos de la región. Desde Cahors hasta Sarlat, iba de granjas a mercados para seleccionar los foies gras más delicados, las trufas más perfumadas, las nueces más sabrosas.
Al mismo tiempo, en la aldea de St-Clair, Louise Valette mi abuela, cocinaba en su horno confits y encebollados, guisos y pasteles, pepitorias y potes con deliciosos olores.
De su pasión por los productos de la región, de su amor de la gastronomía, de su sentido de tradición, se desarrolló la Empresa Valette que sigue siendo fiel a su exigencia de autenticidad.
Jacques VALETTE |